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A raíz de un artículo escrito por un exrector de la UPV/EHU y rescatado del
diariovasco.com por la lectura de
Anecado, me han vuelto las ganas —nunca materializadas hasta ahora— de aportar un diminuto grano de arena a la confusión generada a partir del llamado
proceso de Bolonia y su implantación en nuestras y nuestra universidad. El citado artículo trata más del lado del docente y administrador que del papel del alumno, se centra en el incremento bestial de la burocracia —pongan la erre donde quieran— y de papeleo incomprensible en que ha degenerado lo que se suponía que iba a ser un proceso de normalización y armonización. Por destacar algo, la innecesaria confusión de adjetivos a las competencias: que si básicas, que si transversales, que si... la insulsa creación de clasificaciones complejas para lo simple. Pero ya digo, aprovechando.